Irán tensa la cuerda con Europa con el acuerdo nuclear en vilo

Las detenciones de ciudadanos europeos empañan las conversaciones del pacto atómico Leer

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Enrique Mora apareció taciturno en todas las fotos. La mano derecha de Josep Borrell y coordinador de la Unión Europea para las conversaciones nucleares con Irán había llegado a Teherán este miércoles de madrugada para hacer un último esfuerzo de facilitación de un acuerdo que permitiera resucitar el pacto atómico. Nada más aterrizar en la capital medios iraníes habían informado del arresto de dos ciudadanos europeos por «intentar fomentar el caos».

La mala nueva no viene sola. La semana pasada, poco después de que un tribunal sueco hubiese dejado visto para sentencia un juicio por crímenes de lesa humanidad contra un ex funcionario iraní, Teherán anunció el dictamen de pena de muerte contra el ciudadano sueco iraní Ahmadreza Djalali. Aunque la Justicia iraní se apresuró en subrayar que no se trataba de un ‘ojo por ojo’, Suecia también informó por esas mismas fechas del arresto de un compatriota. No se sabe si él es uno de dichos dos europeos.

El conjunto de sucesos aparenta ser un pulso de Irán a varias capitales europeas al constatarse la mala marcha de las conversaciones para reavivar el acuerdo nuclear que había entrado en vigor en 2016, y que debido a las sanciones que EEUU reimpuso en 2018 apenas tuvo efecto. En respuesta a las sanciones, Teherán abandonó varios de los compromisos adquiridos con la firma del acuerdo, lo que ha llevado su programa de enriquecimiento de uranio a superar los límites pactados.

«Todavía tenemos la esperanza de que se alcance algún tipo de acuerdo en una horquilla de tiempo razonable, aunque tenemos que reconocer que la ventana para la oportunidad podría cerrarse en cualquier momento», admitió esta semana el secretario general de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, Rafael Grossi. Con su visita, durante la cual tenía previsto reunirse con el viceministro de Exteriores iraní, Ali Bagheri, Mora tenía por misión limar las asperezas que impiden cerrar el pacto.

El quid de la cuestión es la insistencia iraní en sacar al Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica de la lista de Organizaciones Terroristas Extranjeras de EEUU como condición para cerrar un acuerdo. Una demanda a la que Joe Biden se ha negado hasta hoy por su alto coste político. Fue su predecesor Trump quien había ordenado tal designación, como parte de una estrategia de «presión total» a Irán que sólo provocó un aumento de la presión económica sobre los iraníes y más beligerancia de su Gobierno.

La pertenencia de los Guardianes a esta lista tiene múltiples implicaciones ya que, más allá de su más criticada faceta de ejecutores de los intereses del núcleo duro del poder dentro y fuera del país, sus miembros están integrados en el aparato político y forman parte de numerosas compañías privadas paraestatales. La designación no estaba vinculada al paquete de sanciones nucleares de Washington, que el año pasado sí suprimió de la lista al movimiento hutí de Yemen, respaldado por Irán.

Aparentemente con todos los demás aspectos de la controversia nuclear atados, el desencuentro por la designación se ha convertido en el último y más grande escollo para volver al cauce del comatoso pacto atómico. Y en medio del choque de posturas, un enfrentamiento con Suecia. En 2019, la policía sueca arrestó nada más poner pie en Estocolmo a Hamid Nouri, de 61 años. Al amparo de la jurisdicción universal, la Fiscalía lo acusó de haber tenido un «rol activo» en presuntos abusos de Derechos Humanos.

Según la acusación, Nouri había sido vicefiscal del penal de Gohardasht. Aquella cárcel fue en 1988 uno de los escenarios de ejecuciones masivas de prisioneros por «razones políticas», según los denunciantes. Muchos de los ajusticiados en juicios «sin garantías» pertenecían a los Muyaidín del Pueblo (MEK), un grupo armado islamomarxista iraní que durante la guerra contra Irak, recién acabada, había luchado contra los iraníes en el bando de Sadam Husein. Nouri podría enfrentarse a cadena perpetua.

Y aunque la Judicatura iraní ha asegurado que su decisión no tiene nada que ver con la otra, organizaciones pro Derechos Humanos consideran que la orden de ejecución de Ahmadreza Djalali es una «represalia» por la posible condena a Nouri. Djalali fue arrestado en 2016 durante una visita académica y acusado de espiar para Israel. Al anuncio se han sumado las últimas detenciones. Toda la presión ha caído a plomo sobre las espaldas de Enrique Mora.

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